Hay muchos itinerarios para seguir la Ruta de la Seda, pero todos tienen Xi’an como punto de partida o cierre. En nuestra ruta particular, recorrimos la parte china que conecta Lanzhou hasta Urumqi para continuar posteriormente por Kazajistán y Uzbekistán. Un viaje con origen en Chengdu (China) y que concluyó en Urgench (Uzbekistán), incluyendo tres vuelos y nueve desplazamientos en tren.
Años después de visitar la "China más turística" decidimos comenzar en esta unos cientos de kilómetros al sur de Xi’an. Queríamos conocer la que dicen que es la ciudad con mejor calidad de vida en China y también por motivos prácticos: teníamos un vuelo a un precio buenísimo viajando desde El Cairo con Air Sichuan (una compañía que nos sorprendió muy gratamente). La ruta continuó por Chongqing, que nos recibiría con todo el calor que El Cairo nos había perdonado; desde ahí viajamos hacia el norte, a las puertas de nuestra ruta de la seda particular: Lanzhou, en la región de Gansú. Dejamos de lado Xi’an porque ya la había visitado años atrás y la ciudad me dejó bastante indiferente. No importó, kilómetros más al este el destino nos llevaría hasta una pequeña réplica de Xi’an, Zhangye; antes nos habríamos dado un baño de frescor en Xining gracias a sus suaves temperaturas. El plato final incluía dos ciudades (Turpán y Urumqi) de la región autónoma de Xinjiang, esa que estaba vetada al turismo libre hasta hace poquitos años. Todo el recorrido lo realizamos en trenes de alta velocidad.
Hace tiempo que China se propuso que los extranjeros dejaran de relacionar sus productos no solo como algo barato sino también con mala calidad y se empezase a percibir justo lo contrario. Con los teléfonos móviles y pequeños electrodomésticos comenzó un cambio que hoy en día tiene su mejor representante en los automóviles. Paseando por las calles de las ciudades chinas se tiene la sensación de que hemos dado un pequeño salto al futuro. En algo más de tres semanas que pasamos no tocamos ningún billete ni ninguna moneda; da igual el importe de lo que compres o a quién se lo compres, todo se paga mediante alguna de las dos aplicaciones que todo el mundo utiliza: Alipay o WeChat. De hecho, no son aplicaciones como tal sino algo así como una herramienta nodriza que alberga multitud de aplicaciones en su interior y con la que se puede hacer todo o, mejor dicho, todo lo que se pueda hacer en China. Si estás pensando en viajar próximamente a China y quieres seguir utilizando las apps de móvil, la mejor app para ello es Astrill (o la única que funciona con fiabilidad).
Hablando de “funcionar”, tal vez este sería uno de los aspectos que más me han llamado la atención durante este viaje: lo bien que funciona todo, el orden y la organización. Si hace años viajar y moverse por China podía ser bastante complicado, hoy en día no solo es sencillo sino que debería ser una recomendación, especialmente para los gestores de nuestras ciudades.
Nos llamó muchísimo la atención cómo ha calado la cultura manga entre los jóvenes locales. Además, nos sorprendieron continuamente los elementos decorativos y diversos artilugios que enganchan en las motos y coches. En general, me llevo la sensación de que no hay nada que uno pueda imaginarse y no esté ya inventado en China.
Chengdu, la ciudad modelo
Chengdu, con más de veinte millones de habitantes, es paz para los sentidos, con un clima aceptable para un mes de julio, una cierta armonía en el tráfico rodado y ritmo de vida relajado. Impacta el silencio urbano, consecuencia de la progresiva implementación de vehículos eléctricos en el parque automovilístico. Algo más de una década atrás, cuando recorrí lo que podríamos llamar la China más turística durante un mes, me había llamado la atención muchísimo que prácticamente todos los ciclomotores eran eléctricos y disponían, junto a las bicicletas y otros vehículos sin motor, de su propio carril en la mayoría de las ciudades. A esto se añade ahora la mitad de los automóviles y todo transporte público. Como dije, este es el primer impacto, la primera muestra de las muchas que veremos a lo largo del viaje y que ponen de manifiesto que China está en otro nivel y no inferior. Los vehículos (taxis) sin conductor están a la vuelta de la esquina; en 2025 ya estaban operando en Shenzhen. El aspecto negativo, y generalizado en las grandes ciudades donde hemos estado, es la cantidad de motos que circulan por las zonas peatonales y aceras para entregar sus pedidos. No sé si China se ha convertido en un estado capitalista, pero no me cabe duda de que el consumismo online triunfa como en ningún lugar (¿dónde si no te pueden entregar un pedido en dron sino en Chengdu?). Es muy corriente que los chinos pidan su comida al trabajo o al domicilio, incluso un café. Antes de viajar leí que el precio del café había subido globalmente porque se había puesto de moda en los últimos años en China. De hecho, nos dimos cuenta de que hay muchas cadenas locales que comercian este producto; sin embargo, suelen estar vacías, pues sus clientes consumen desde casa y lo único que se ve es un entrar y salir de “riders”, lo mismo que se observa en la puerta de cada edificio.
Volvamos a Chengdu. Pasamos cuatro días en la ciudad, de los cuales uno lo perdimos visitando la reserva de pandas, un fiasco. Julio no es el mes para ver pandas, salvo que vayas a las siete de la mañana y te acompañe la suerte; así, como mucho, verás alguno en la primera zona por la que entres, pero en cuanto aparezca el sol y las hordas de visitantes todo serán colas y, a lo sumo, únicamente los observarás tras los cristales de las salas climatizadas donde se refugian del calor. Para eso, mucho mejor ir directamente al zoo de la ciudad.
En las inmediaciones de Chengdu hay algunos pueblos históricos que se pueden visitar fácilmente en una jornada. Algunos aprovechan también para desplazarse desde aquí a visitar el gran buda de Leshan o hacer una ruta por la región de Sichuan.
Chongqing y Chengdu están conectados por el tren bala más rápido del mundo, que alcanza hasta 453 kilómetros por hora. Como no podía ser de otra manera, llegamos hasta Chongqing en tren. Al igual que ocurre con Chengdu, el metro te lleva desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, en esta ocasión sin tener que cambiar de línea.
Chongqing, el mejor skyline del mundo.Chongqing no es el mejor destino para viajar en julio; el termómetro no descendía de treinta grados en ningún momento del día y la sensación térmica superaba fácilmente los cuarenta grados durante las horas de sol. El histórico dice que las máximas y mínimas tanto de julio como de agosto son algo más suaves, pero el cambio climático llegó a todas partes y las olas de calor sorprenden en cualquier rincón, así que había que adaptarse a las circunstancias: sombra, fuentes y aire acondicionado. La noche daba un respiro; los treinta y pico grados sentaban de maravilla y permitían disfrutar plácidamente del que probablemente sea el mejor skyline o panorámica urbana (de rascacielos, para ser más concretos). Shanghái, Singapur, Hong Kong, todos ellos son impactantes, pero Chongqing les aventaja en que tiene varias zonas desde donde obtener una vista espectacular y en todas es diferente y sorprendente. Más allá de eso y aunque Chongqing no tenga tantos atractivos como para dedicarle una visita tan extendida como a las ciudades anteriormente mencionadas, creo que un mínimo de dos días completos se merece.
El centro de la ciudad en sí no es abrumador; uno se puede desplazar fácilmente combinando paseos a pie, metro y taxi. Sus cifras, en cambio, sí lo son: Chongqing ha absorbido poblaciones circundantes y hablar de números de población es realmente complejo, dependiendo hasta dónde se considere ciudad. Los números más bajos hablan de una población que sobrepasa los treinta millones de habitantes. En el centro de la ciudad no se percibe nada diferente a cualquier otra gran ciudad, a pesar de que por sus características orográficas Chongqing no disponga de amplias avenidas y espacios de descongestión como ocurre en Chengdu.
Una de esas poblaciones que han quedado atrapadas en la gran urbe es la antigua villa de Ciqikou, a la cual se puede llegar en metro.
Lanzhou, capital del río amarilloDestripando un poco la futurible lectura, donde detallamos un poco más nuestras impresiones, adelanto que el tramo siguiente, que es el que viaja siguiendo el rastro de la antigua ruta de la seda entre Lanzhou y Urumqi, probablemente no alberga ninguna de las imágenes que algunos puedan tener de China, ni creo que sea el destino recomendable para nadie que haga una primera incursión en el territorio, menos aún en julio o agosto. Turismo nacional no faltará, como en ningún rincón del país. Como contrapunto, decir que esta otra China nos mostrará unos grupos étnicos que cohabitan con la mayoría Han y nos abrirán las puertas a seguir aprendiendo sobre la historia, a veces tan traumática como desconocida, de este gigante milenario.
Mil kilómetros al norte se encuentra Lanzhou, capital de Gansú, a la cual llegamos, de nuevo, en un ameno viaje en tren. El clima, como no podía ser de otra manera, es más suave aquí. En términos turísticos, Lanzhou no es Chengdu ni Chongqing; de eso nos dimos cuenta nada más llegar a la estación. Tampoco es una ciudad a la que yo me desviaría a propósito haciendo una ruta de dos o tres semanas en un primer viaje en China, pero no le faltan atractivos para pasar uno o dos días si te queda en el camino. Por otra parte, Lanzhou no es una ciudad turística, tampoco entre los nacionales, así que ofrece una mirada diferente. Además del Río Amarillo y su puente de hierro (el primero en construirse), de los templos budistas que vigilan la ciudad desde el otro lado y de las centenarias norias gigantes que aún se conservan en su ribera, Lanzhou es hogar de los Hui, el grupo étnico más numeroso de esta gran urbe, practicantes del islam. Fruto de ello, en el centro de la ciudad encontraremos la enorme mezquita blanca de Xiguan y otra, Nanguan, muy curiosa, pues es una mezquita con estilo arquitectónico de un templo chino. Para completar las sorpresitas, en la avenida principal también hay una catedral del Sagrado Corazón.

Primavera en XiningUn viaje muy cortito en tren nos lleva hasta Xining, un descanso del calor que hemos arrastrado los últimos días. Xining se encuentra por encima de los dos mil metros de altitud y los días que pasamos allí tuvimos que utilizar la chaqueta que parecía ya reservada exclusivamente a combatir el aire acondicionado de los transportes. Elegí Xining porque suponía un pequeño desvío, por ser la capital de Qinghai, siendo puerta de entrada a las comunidades tibetanas y por poder conocer un poco más de cerca algunos grupos étnicos que no se observan en las zonas más orientales del país. A pesar de todo, es un destino del que se puede prescindir.
El encanto de la ciudad mestiza reside precisamente en esta convivencia entre tibetanos, Hui musulmanes y chinos Han, con mercados halal, mezquitas y una cocina con toques diferentes a lo que hemos visto anteriormente.
Algunos viajeros deciden adentrarse 130 km al interior para conocer el lago Qinghai, es el mayor lago salado en toda China. Ubicado justo sobre la meseta tibetana, a más de 3200 metros de altitud.
Zhangye: ciudad de paso en la ruta de la seda
A apenas dos horas de distancia al norte recuperamos el calorcito en Zhangye, ciudad que nunca conseguimos pronunciar correctamente a la vista de las caras extrañas que recibíamos cada vez que la mencionábamos. Zhangye me recordó a Xi’an y Xi’an me decepcionó. Aun así, Zhangye tiene una animada vida nocturna que gira en torno a su parque Ganquang y la calle Dayamen, donde cada atardecer se colocan numerosos puestos de comida.
Muchos viajeros llegan hasta Zhangye con la intención de visitar las montañas de colores de Danxia, un fenómeno natural que se puede observar en muchos rincones del mundo, como por ejemplo, al norte de Bakú, en Azerbaijan, y es un ejemplo más de como los chinos han conseguido sacar rédito económico de un préstamo de la naturaleza. En esto tampoco les gana nadie. Una serie de miradores repartidos por unas cuantas hectáreas están conectados por medio de autobuses y convierten este pequeño paisaje marciano en un gran circo. Algo parecido a lo que ocurre en algunas zonas de la Capadocia con la diferencia de que allí, al menos, te puedes desplazar libremente con tu vehículo y explorarlo a pie sin restricciones y ni cuotas.

Turpán, Turfán o Tulufán y los uigures
Dejamos la región de Gansú para viajar hasta la Región Autónoma Uigur de Xinjiang. Si no conoces la historia de los uigures en China, desde aquí te invito a que indagues un poco en internet. Desde que salimos de la estación de Turpán, entendimos que nuestra estancia en la ciudad iba a ser diferente a lo que habíamos experimentado hasta entonces. Para empezar, sufrimos una extensa entrevista por parte de un policía local que se entretuvo un ratito con nosotros bajo los rayos del sol. Una vez en el centro de esta extraña ciudad (si es que podemos llamarlo así, pues no hay un centro como tal), nos percatamos de que sus habitantes tenían una peculiar forma de interactuar con nosotros: ignorarnos. No porque sean menos simpáticos o menos amables que los Han, sino porque son conocedores de las posibles consecuencias de entablar algún tipo de comunicación con turistas. El centro de la ciudad está vigilado metro a metro por medio de cámaras y policías controlando prácticamente cada cruce de calles en el centro de la ciudad. Turpan es la única ciudad donde he observado que los conductores utilizan el casco de forma generalizada.
Seguramente, lo que más nos llamó la atención en Turpán es el cierre de sus mezquitas, como se han transformado en tiendas, restaurantes, bazares... o en el esqueleto de un antiguo edificio. Las que quedan en pie han sido modificadas arquitectónicamente y muchas acabaron siendo derruidas. La práctica religiosa, está fuertemente controlada por las autoridades mediante cámaras que utilizan tecnologías de reconocimiento y que registran todo, dentro y fuera. Muy pocos se atreven a exponerse.
De todos los lugares que visitamos en esta ruta, este sería probablemente el que antes suprimiría, pero también es el que más horas de lectura me motivó. Al parecer, Turpán tiene algunos encantos en sus alrededores (a mí no me lo parecen) que son difícilmente visitables en días calurosos como los de final de julio. Desde mi punto de vista, muchas de las atracciones que se encuentran en las inmediaciones de algunas ciudades por las que hemos pasado están sobrevaloradas y, en ocasiones, han sido creadas o modificadas exclusivamente para atraer turismo local y algún extranjero despistado. Excepción a esto serían las Grutas de Mogao (en Dunhuang), recogidas en el patrimonio de la UNESCO.
Urumqi, fin de viajeUrumqi es la ciudad más poblada en todo Xinjiang, mezcla de modernidad e historia que refleja un mosaico de culturas. Uiguires, Han, Kazajos y otras etnias minoritarias se entremezclan en sus mercados tradicionales y parques urbanos.
El ambiente en Urumqi es bastante más relajado que en Turpan, aunque el distanciamiento social continúa por parte de los uigures que se encuentran más diluidos dentro de la gran ciudad. Urumqi es conocido por su gran bazar, que se ha convertido en un pequeño parque de atracciones, y por sus parques urbanos. Al igual que pasa en Turpán y en Zhangye, la ciudad no tiene un centro urbano o casco histórico como tal.
2014 supuso un punto de inflexión en cuanto a la política de seguridad urbana de China sobre la región de Xinjian. Aquel año, un atentado múltiple dejó decenas de muertos en un mercado callejero, justo un año después de la revuelta en Turpán contra puestos policiales y cinco años más tarde de otro verano trágico en Urumqi cuando en un par de días cerca de 200 personas perdieron la vida.
Hoy en día Urumqi es una ciudad segura, cada vez más cerca de ser una ciudad china más y perdiendo progresivamente la autonomía que algún día tuvo y que aspiró a ampliar.
Aquí te dejamos un enlace para conocer otros recorridos en China.