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En este artículo te contamos una ruta completa de 10 días por Uzbekistán, basada en experiencia real, pasando por Tashkent, Samarcanda, Bujará y Jiva, con consejos prácticos, transporte, alojamiento y recomendaciones personales.

Uzbekistán es un destino que merece la pena, sin lugar a dudas. De todos los países de Asia Central, es el que ofrece el mejor turismo urbano. Tayikistán y Kirguistán, en cambio, destacan por sus montañas y naturaleza, y pueden ser una combinación perfecta para viajeros con más tiempo. En cualquier caso, Uzbekistán por sí solo ya justifica el viaje, y no le dedicaría menos de diez días.

Sin necesidad de cruzar ninguna frontera, relativamente cerca de Tashkent se encuentra el Valle de Fergana, un enclave distinto al recorrido más turístico que se extiende hacia el oeste, y que destaca por la combinación de naturaleza y pequeñas localidades rurales. La mejor forma de moverse por esta zona es en vehículo de alquiler. La ciudad de Andiján, capital de la región de Fergana, está trabajando para convertirse en uno de los futuros destinos turísticos del país. Osh, ya en Kirguistán, se encuentra a poca distancia.

Llegamos a Tashkent volando desde Almaty y regresamos a España desde Urgench. Semanas antes habíamos comenzado nuestra particular ruta de la seda en China. Una de las grandes ventajas de Uzbekistán es la facilidad para organizar un viaje independiente desde España, gracias a que se puede volar tanto a Tashkent como a Urgench, situados en ambos extremos de este alargado país. Lo ideal es iniciar el viaje en una de las dos ciudades y regresar desde la otra. Las principales ciudades turísticas están conectadas mediante trenes rápidos que pueden reservarse online.

Es muy sencillo conectar Samarcanda, Bujará y Jiva en tren. Las tres tienen suficientes rasgos y atractivos propios como para justificar por sí solas el viaje a cada una de ellas.

Más allá del recorrido urbano, y más allá de Jiva, el viaje puede extenderse hacia lo que queda del mar de Aral, en dirección a Nukus.

Por qué viajar a Uzbekistán

  1. Es un destino exótico, distinto a lo que uno puede encontrar en Europa, América o el este de Asia.
  2. Se pueden encontrar vuelos muy económicos y, al ser una distancia relativamente menor, los precios suelen ser bastante más bajos que los de destinos en el este de Asia.
  3. Adquiere con facilidad tus billetes de tren con antelación en https://eticket.railway.uz/en/home.  
  4. Desplazarse por el país es muy sencillo, tanto en tren entre ciudades como dentro de ellas, a pie o en taxi.
  5. La gastronomía es otro aliciente. Su cocina no es nada extravagante, por lo que nadie debería tener problemas. Mención especial merecen los desayunos: para disfrutarlos al máximo conviene alojarse en viviendas tradicionales que los incluyan.
  6. Es un país muy seguro, y las distintas etnias que componen el pueblo uzbeko destacan por su carácter hospitalario.
  7. Uzbekistán no es un destino de turismo de masas, aunque cuenta con una buena oferta de alojamientos e infraestructuras.
  8. Es un destino económico: los costes de alojamiento, comida y transporte son bajos comparados con España.
  9. Se puede viajar en cualquier época del año. La primavera y el otoño son los momentos ideales. El verano puede ser muy caluroso, dependiendo de a lo que estés acostumbrado. El invierno no es extremadamente frío, pero los días son más cortos, con anochecer alrededor de las 17:00  

Ruta recomendada por Uzbekistán en 10 días

  • 1-2 días → Tashkent

  • 3-5 días → Samarcanda

  • 6-8 días → Bujará

  • 9-10 días → Jiva (Khiva)

También puedes ampliar el viaje hacia el Mar de Aral o el Valle de Fergana.

EL DÍA A DÍA



 TASKHENT


Mucha gente pasa de largo por Tashkent. Es comprensible en viajes muy comprimidos, pero si dispones de algún día extra, merece la pena dedicar al menos una jornada a la capital, ya sea a la llegada o a la salida, para recuperarte del viaje y conocer lo esencial.

Además, estoy convencido de que el complejo religioso Hazrati Imam se convertirá en un gran reclamo turístico, con ejemplos como la Nova Jome’ Masjidi o la Minor Mosque, entre otros.

Más allá de esto, Tashkent cuenta con pequeñas mezquitas repartidas por toda la ciudad que merece la pena marcar en el mapa y recorrer utilizando su eficiente y económico metro.


 SAMARCANDA



Samarcanda es una ciudad grande, sobre todo si la comparamos con las dos siguientes. Aun así, si el tiempo acompaña, la mejor forma de recorrer el centro es a pie. Los desplazamientos en taxi son extremadamente económicos.

Nosotros nos alojamos a unos treinta minutos a pie del centro. A veces usábamos taxi y otras caminábamos. Pasamos cuatro días completos en Samarcanda y tuvimos la oportunidad de conocer también nuestro barrio, donde coincidimos con familias locales.

Algunas personas se desenvolvían bien en inglés, además de hablar ruso y uzbeko. También encontramos familias tayikas que hablaban su propia lengua, cercana al farsi iraní, lo que refleja una riqueza lingüística muy interesante.


 BUJARA / BUKHARA



El centro de Bujará se recorre fácilmente a pie. A primera vista tiene un aspecto más decadente que otras ciudades, pero eso forma parte de su encanto. Nada que ver con la impoluta Jiva.

Durante nuestra estancia comprobamos cómo algunos edificios históricos estaban siendo restaurados.

Aunque es un destino muy popular, es imprescindible probar el plov en el conocido restaurante “The Plov”, donde, como su nombre indica, solo sirven este plato.

Muy cerca puedes tomar una cerveza local en el Pub Deviatka y acompañarla con kurt, al estilo local, si te atreves.

En Bujará comimos en el que, para nosotros, fue el mejor restaurante calidad-precio del viaje: Shohrud Café, a un paso del centro.

En las inmediaciones de la plaza Registán hay un pequeño kiosco llamado Kofexona donde se pueden degustar cafés de gran calidad a muy buen precio, bajo la sombra de los árboles.

Todo el centro de la ciudad —madrasas, mezquitas, callejuelas, minaretes y fuentes— merece ser recorrido tanto de día como de noche. Otra visita imprescindible, aunque algo más alejada, es la mezquita Bolo Hauz.

Nos alojamos cuatro noches en Bujará, lo que nos permitió disfrutar del ambiente de la ciudad y descubrir rincones menos turísticos.


 JIVA / KHIVA

 

Ninguna de las ciudades anteriores se parece entre sí, y todas deberían formar parte de cualquier itinerario por Uzbekistán. De todas ellas, Jiva es la más “perfecta” visualmente: una ciudad amurallada, muy bien conservada, con cuatro puertas de acceso.

Es muy recomendable alojarse dentro de la ciudad antigua. A diferencia de otras ciudades, la estación de tren de Jiva se encuentra a poca distancia a pie del centro histórico.

El hotel Orient Star Khiva es especialmente recomendable por su patio interior, ideal para descansar y tomar fotografías.

Pasamos un total de tres noches en Jiva.

Cómo llegar al aeropuerto internacional de Urgench desde Jiva

Utilizamos Yandex Go para pedir un taxi, con un precio muy económico. También es posible contratar el traslado directamente en el alojamiento o con taxis en la calle.





Algunas recomendaciones básicas


  1. 1. Descarga Yandex Go para desplazarte en taxi y Yandex Maps para ubicarte y orientarte. Funciona mejor que Google Maps.

  2. 2. El mejor lugar para cambiar dinero es el NBU o National Bank Uzbekistan.

  3. 3. Jiva y Bujara son ciudades con un casco histórico relativamente pequeño que se pueden visitar en un día, a pesar de eso, recomiendo pasar al menos un par de días completos en cada ciudad para recorrerlas calma,  conocerlas un poco mejor, yendo un poco más allá de las zonas turísticas.

  4. 4. Korzinka es un supermercado donde encontrás prácticamente todo. No dejes de probar su pan recién hecho.





Hay muchos itinerarios para seguir la Ruta de la Seda, pero todos tienen Xi’an como punto de partida o cierre.  En nuestra ruta particular, recorrimos la parte china que conecta Lanzhou hasta Urumqi para continuar posteriormente por Kazajistán y Uzbekistán. Un viaje con origen en Chengdu (China) y que concluyó en Urgench (Uzbekistán), incluyendo tres vuelos y nueve desplazamientos en tren.

Años después de visitar la "China más turística" decidimos comenzar en esta unos cientos de kilómetros al sur de Xi’an. Queríamos conocer la que dicen que es la ciudad con mejor calidad de vida en China y también por motivos prácticos: teníamos un vuelo a un precio buenísimo viajando desde El Cairo con Air Sichuan (una compañía que nos sorprendió muy gratamente). La ruta continuó por Chongqing, que nos recibiría con todo el calor que El Cairo nos había perdonado; desde ahí viajamos hacia el norte, a las puertas de nuestra ruta de la seda particular: Lanzhou, en la región de Gansú. Dejamos de lado Xi’an porque ya la había visitado años atrás y la ciudad me dejó bastante indiferente. No importó, kilómetros más al este el destino nos llevaría hasta una pequeña réplica de Xi’an, Zhangye; antes nos habríamos dado un baño de frescor en Xining gracias a sus suaves temperaturas. El plato final incluía dos ciudades (Turpán y Urumqi) de la región autónoma de Xinjiang, esa que estaba vetada al turismo libre hasta hace poquitos años. Todo el recorrido lo realizamos en trenes de alta velocidad.

Hace tiempo que China se propuso que los extranjeros dejaran de relacionar sus productos no solo como algo barato sino también con mala calidad y se empezase a percibir justo lo contrario. Con los teléfonos móviles y pequeños electrodomésticos comenzó un cambio que hoy en día tiene su mejor representante en los automóviles. Paseando por las calles de las ciudades chinas se tiene la sensación de que hemos dado un pequeño salto al futuro. En algo más de tres semanas que pasamos no tocamos ningún billete ni ninguna moneda; da igual el importe de lo que compres o a quién se lo compres, todo se paga mediante alguna de las dos aplicaciones que todo el mundo utiliza: Alipay o WeChat. De hecho, no son aplicaciones como tal sino algo así como una herramienta nodriza que alberga multitud de aplicaciones en su interior y con la que se puede hacer todo o, mejor dicho, todo lo que se pueda hacer en China. Si estás pensando en viajar próximamente a China y quieres seguir utilizando las apps de móvil, la mejor app para ello es Astrill (o la única que funciona con fiabilidad).

Hablando de “funcionar”, tal vez este sería uno de los aspectos que más me han llamado la atención durante este viaje: lo bien que funciona todo, el orden y la organización. Si hace años viajar y moverse por China podía ser bastante complicado, hoy en día no solo es sencillo sino que debería ser una recomendación, especialmente para los gestores de nuestras ciudades.

Nos llamó muchísimo la atención cómo ha calado la cultura manga entre los jóvenes locales. Además, nos sorprendieron continuamente los elementos decorativos y diversos artilugios que enganchan en las motos y coches. En general, me llevo la sensación de que no hay nada que uno pueda imaginarse y no esté ya inventado en China.

Chengdu

Chengdu, la ciudad modelo

Chengdu, con más de veinte millones de habitantes, es paz para los sentidos, con un clima aceptable para un mes de julio, una cierta armonía en el tráfico rodado y ritmo de vida relajado. Impacta el silencio urbano, consecuencia de la progresiva implementación de vehículos eléctricos en el parque automovilístico. Algo más de una década atrás, cuando recorrí lo que podríamos llamar la China más turística durante un mes, me había llamado la atención muchísimo que prácticamente todos los ciclomotores eran eléctricos y disponían, junto a las bicicletas y otros vehículos sin motor, de su propio carril en la mayoría de las ciudades. A esto se añade ahora la mitad de los automóviles y todo transporte público. Como dije, este es el primer impacto, la primera muestra de las muchas que veremos a lo largo del viaje y que ponen de manifiesto que China está en otro nivel y no inferior. Los vehículos (taxis) sin conductor están a la vuelta de la esquina; en 2025 ya estaban operando en Shenzhen. El aspecto negativo, y generalizado en las grandes ciudades donde hemos estado, es la cantidad de motos que circulan por las zonas peatonales y aceras para entregar sus pedidos. No sé si China se ha convertido en un estado capitalista, pero no me cabe duda de que el consumismo online triunfa como en ningún lugar (¿dónde si no te pueden entregar un pedido en dron sino en Chengdu?). Es muy corriente que los chinos pidan su comida al trabajo o al domicilio, incluso un café. Antes de viajar leí que el precio del café había subido globalmente porque se había puesto de moda en los últimos años en China. De hecho, nos dimos cuenta de que hay muchas cadenas locales que comercian este producto; sin embargo, suelen estar vacías, pues sus clientes consumen desde casa y lo único que se ve es un entrar y salir de “riders”, lo mismo que se observa en la puerta de cada edificio.

Volvamos a Chengdu. Pasamos cuatro días en la ciudad, de los cuales uno lo perdimos visitando la reserva de pandas, un fiasco. Julio no es el mes para ver pandas, salvo que vayas a las siete de la mañana y te acompañe la suerte; así, como mucho, verás alguno en la primera zona por la que entres, pero en cuanto aparezca el sol y las hordas de visitantes todo serán colas y, a lo sumo, únicamente los observarás tras los cristales de las salas climatizadas donde se refugian del calor. Para eso, mucho mejor ir directamente al zoo de la ciudad.

En las inmediaciones de Chengdu hay algunos pueblos históricos que se pueden visitar fácilmente en una jornada. Algunos aprovechan también para desplazarse desde aquí a visitar el gran buda de Leshan o hacer una ruta por la región de Sichuan.

Chongqing y Chengdu están conectados por el tren bala más rápido del mundo, que alcanza hasta 453 kilómetros por hora. Como no podía ser de otra manera, llegamos hasta Chongqing en tren. Al igual que ocurre con Chengdu, el metro te lleva desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, en esta ocasión sin tener que cambiar de línea.

Chongqing


Chongqing, el mejor skyline del mundo
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Chongqing no es el mejor destino para viajar en julio; el termómetro no descendía de treinta grados en ningún momento del día y la sensación térmica superaba fácilmente los cuarenta grados durante las horas de sol. El histórico dice que las máximas y mínimas tanto de julio como de agosto son algo más suaves, pero el cambio climático llegó a todas partes y las olas de calor sorprenden en cualquier rincón, así que había que adaptarse a las circunstancias: sombra, fuentes y aire acondicionado. La noche daba un respiro; los treinta y pico grados sentaban de maravilla y permitían disfrutar plácidamente del que probablemente sea el mejor skyline o panorámica urbana (de rascacielos, para ser más concretos). Shanghái, Singapur, Hong Kong, todos ellos son impactantes, pero Chongqing les aventaja en que tiene varias zonas desde donde obtener una vista espectacular y en todas es diferente y sorprendente. Más allá de eso y aunque Chongqing no tenga tantos atractivos como para dedicarle una visita tan extendida como a las ciudades anteriormente mencionadas, creo que un mínimo de dos días completos se merece.

El centro de la ciudad en sí no es abrumador; uno se puede desplazar fácilmente combinando paseos a pie, metro y taxi. Sus cifras, en cambio, sí lo son: Chongqing ha absorbido poblaciones circundantes y hablar de números de población es realmente complejo, dependiendo hasta dónde se considere ciudad. Los números más bajos hablan de una población que sobrepasa los treinta millones de habitantes. En el centro de la ciudad no se percibe nada diferente a cualquier otra gran ciudad, a pesar de que por sus características orográficas Chongqing no disponga de amplias avenidas y espacios de descongestión como ocurre en Chengdu.

Una de esas poblaciones que han quedado atrapadas en la gran urbe es la antigua villa de Ciqikou, a la cual se puede llegar en metro.


Lanzhou, capital del río amarillo

Destripando un poco la futurible lectura, donde detallamos un poco más nuestras impresiones, adelanto que el tramo siguiente, que es el que viaja siguiendo el rastro de la antigua ruta de la seda entre Lanzhou y Urumqi, probablemente no alberga ninguna de las imágenes que algunos puedan tener de China, ni creo que sea el destino recomendable para nadie que haga una primera incursión en el territorio, menos aún en julio o agosto. Turismo nacional no faltará, como en ningún rincón del país. Como contrapunto, decir que esta otra China nos mostrará unos grupos étnicos que cohabitan con la mayoría Han y nos abrirán las puertas a seguir aprendiendo sobre la historia, a veces tan traumática como desconocida, de este gigante milenario.

Mil kilómetros al norte se encuentra Lanzhou, capital de Gansú, a la cual llegamos, de nuevo, en un ameno viaje en tren. El clima, como no podía ser de otra manera, es más suave aquí. En términos turísticos, Lanzhou no es Chengdu ni Chongqing; de eso nos dimos cuenta nada más llegar a la estación. Tampoco es una ciudad a la que yo me desviaría a propósito haciendo una ruta de dos o tres semanas en un primer viaje en China, pero no le faltan atractivos para pasar uno o dos días si te queda en el camino. Por otra parte, Lanzhou no es una ciudad turística, tampoco entre los nacionales, así que ofrece una mirada diferente. Además del Río Amarillo y su puente de hierro (el primero en construirse), de los templos budistas que vigilan la ciudad desde el otro lado y de las centenarias norias gigantes que aún se conservan en su ribera, Lanzhou es hogar de los Hui, el grupo étnico más numeroso de esta gran urbe, practicantes del islam. Fruto de ello, en el centro de la ciudad encontraremos la enorme mezquita blanca de Xiguan y otra, Nanguan, muy curiosa, pues es una mezquita con estilo arquitectónico de un templo chino. Para completar las sorpresitas, en la avenida principal también hay una catedral del Sagrado Corazón.


Primavera en Xining

Un viaje muy cortito en tren nos lleva hasta Xining, un descanso del calor que hemos arrastrado los últimos días. Xining se encuentra por encima de los dos mil metros de altitud y los días que pasamos allí tuvimos que utilizar la chaqueta que parecía ya reservada exclusivamente a combatir el aire acondicionado de los transportes. Elegí Xining porque suponía un pequeño desvío, por ser la capital de Qinghai, siendo puerta de entrada a las comunidades tibetanas y por poder conocer un poco más de cerca algunos grupos étnicos que no se observan en las zonas más orientales del país. A pesar de todo, es un destino del que se puede prescindir.

El encanto de la ciudad mestiza reside precisamente en esta convivencia entre tibetanos, Hui musulmanes y chinos Han, con mercados halal, mezquitas y una cocina con toques diferentes a lo que hemos visto anteriormente.

Algunos viajeros deciden adentrarse 130 km al interior para conocer el lago Qinghai, es el mayor lago salado en toda China. Ubicado justo sobre la meseta tibetana, a más de 3200 metros de altitud.

Zhangye

Zhangye: ciudad de paso en la ruta de la seda

A apenas dos horas de distancia al norte recuperamos el calorcito en Zhangye, ciudad que nunca conseguimos pronunciar correctamente a la vista de las caras extrañas que recibíamos cada vez que la mencionábamos. Zhangye me recordó a Xi’an y Xi’an me decepcionó. Aun así, Zhangye tiene una animada vida nocturna que gira en torno a su parque Ganquang y la calle Dayamen, donde cada atardecer se colocan numerosos puestos de comida.

Muchos viajeros llegan hasta Zhangye con la intención de visitar las montañas de colores de Danxia, un fenómeno natural que se puede observar en muchos rincones del mundo, como por ejemplo, al norte de Bakú, en Azerbaijan, y  es un ejemplo más de como los chinos han conseguido sacar rédito económico de un préstamo de la naturaleza. En esto tampoco les gana nadie. Una serie de miradores repartidos por unas cuantas hectáreas están conectados por medio de autobuses y convierten este pequeño paisaje marciano en un gran circo. Algo parecido a lo que ocurre en algunas zonas de la Capadocia con la diferencia de que allí, al menos, te puedes desplazar libremente con tu vehículo y explorarlo a pie sin restricciones y ni cuotas.

Turpán, Turfán o Tulufán y los uigures

Dejamos la región de Gansú para viajar hasta la Región Autónoma Uigur de Xinjiang. Si no conoces la historia de los uigures en China, desde aquí te invito a que indagues un poco en internet. Desde que salimos de la estación de Turpán, entendimos que nuestra estancia en la ciudad iba a ser diferente a lo que habíamos experimentado hasta entonces. Para empezar, sufrimos una extensa entrevista por parte de un policía local que se entretuvo un ratito con nosotros bajo los rayos del sol. Una vez en el centro de esta extraña ciudad (si es que podemos llamarlo así, pues no hay un centro como tal), nos percatamos de que sus habitantes tenían una peculiar forma de interactuar con nosotros: ignorarnos. No porque sean menos simpáticos o menos amables que los Han, sino porque son conocedores de las posibles consecuencias de entablar algún tipo de comunicación con turistas. El centro de la ciudad está vigilado metro a metro por medio de cámaras y policías controlando prácticamente cada cruce de calles en el centro de la ciudad. Turpan es la única ciudad donde he observado que los conductores utilizan el casco de forma generalizada.

Seguramente, lo que más nos llamó la atención en Turpán es el cierre de sus mezquitas, como se han transformado en tiendas, restaurantes, bazares... o en el esqueleto de un antiguo edificio. Las que quedan en pie han sido modificadas arquitectónicamente y muchas acabaron siendo derruidas. La práctica religiosa, está fuertemente controlada por las autoridades mediante cámaras que utilizan tecnologías de reconocimiento y que registran todo, dentro y fuera. Muy pocos se atreven a exponerse.

De todos los lugares que visitamos en esta ruta, este sería probablemente el que antes suprimiría, pero también es el que más horas de lectura me motivó. Al parecer, Turpán tiene algunos encantos en sus alrededores (a mí no me lo parecen) que son difícilmente visitables en días calurosos como los de final de julio. Desde mi punto de vista, muchas de las atracciones que se encuentran en las inmediaciones de algunas ciudades por las que hemos pasado están sobrevaloradas y, en ocasiones, han sido creadas o modificadas exclusivamente para atraer turismo local y algún extranjero despistado. Excepción a esto serían las Grutas de Mogao (en Dunhuang), recogidas en el patrimonio de la UNESCO.


Urumqi, fin de viaje

Urumqi es la ciudad más poblada en todo Xinjiang, mezcla de modernidad e historia que refleja un mosaico de culturas. Uiguires, Han, Kazajos y otras etnias minoritarias se entremezclan en sus mercados tradicionales y parques urbanos.

El ambiente en Urumqi es bastante más relajado que en Turpan, aunque el distanciamiento social continúa por parte de los uigures que se encuentran más diluidos dentro de la gran ciudad. Urumqi es conocido por su gran bazar, que se ha convertido en un pequeño parque de atracciones, y por sus parques urbanos. Al igual que pasa en Turpán y en Zhangye, la ciudad no tiene un centro urbano o casco histórico como tal.

2014 supuso un punto de inflexión en cuanto a la política de seguridad urbana de China sobre la región de Xinjian. Aquel año, un atentado múltiple dejó decenas de muertos en un mercado  callejero, justo un año después de la revuelta en Turpán contra puestos policiales y cinco años más tarde de otro verano trágico en Urumqi cuando en un par de días cerca de 200 personas perdieron la vida.

Hoy en día Urumqi es una ciudad segura, cada vez más cerca de ser una ciudad china más y perdiendo progresivamente la autonomía que algún día tuvo y que aspiró a ampliar. 

Aquí te dejamos un enlace para conocer otros recorridos en China.



Serbia es un país que se revela poco a poco, en las conversaciones largas, en los gestos cotidianos y en todo aquello que no siempre aparece en las guías. Estas curiosidades son pequeñas claves para contextualizar un viaje a Serbia con la mente abierta, entendiendo mejor su historia reciente, sus contradicciones y su forma de estar en el mundo. Detalles que, sumados, ayudan a mirar el país con más contexto y menos prejuicios.

1. Hay un día al año que cada familia serbia celebra cuando coincide con el día del santo ortodoxo familiar. A esta celebración se le llama Slava. Es costumbre invitar a familiares, amigos y vecinos a tomar algo en casa a lo largo de todo el día. Los hijos varones heredan el slava del padre de familia. Esta celebración no tiene parangón en ningún otro lugar del mundo.

2. El serbio, el bosnio y el croata son el mismo idioma, con pequeñas variaciones. Generalmente, se le llama serbocroataCuriosamente, los serbios aprenden su propio idioma en dos alfabetos distintos: cirílico y latino. El idioma macedonio es una mezcla entre el búlgaro y el serbio. En Eslovenia, la mayoría de la gente entiende el serbocroata.

3. El 1 de noviembre de 2024 se derrumbó parte de la fachada de la estación de tren de Novi Sad, llevándose por delante la vida de catorce personas. Esta tragedia prendió una serie de protestas estudiantiles que reclamaban depuración de responsabilidades en una primera instancia y que derivó en una serie de protestas pacíficas y a nivel nacional hacia el gobierno. En 2026 los estudiantes continúan movilizados con la intención de provocar la salida del presidente Vučić, que lleva en el poder desde 2014. La estación de Novi Sad sigue cerrada y los viajes en tren hacia y desde aquí se toman desde la vecina localidad de Petrovaradin.

4. La crispación política también está presente en la sociedad serbia, que se ve atrapada entre dos polos. Más aún tras el estallido de la guerra en Ucrania. Si hace unos años la sociedad serbia estaba dividida entre proeuropeos y prorrusos, hoy en día me aventuraría a decir que, en caso de producirse un referéndum, el deseo de formar parte de la Unión Europea no alcanza el 50%.

5.  Serbia no sólo tiene una gran diáspora en Europa y Estados Unidos, sino que, además, la mitad del territorio de Bosnia y Herzegovina está habitado por ciudadanos de etnia serbia. En Montenegro habitan un buen número de serbios, al igual que en Eslovenia y en algunas zonas de Croacia también. Los serbios son la principal comunidad extranjera en Viena.

6.  El conflicto en Kosovo sigue sin resolverse. A pesar de que la UE ha presionado a Serbia para que reconozca la independencia de Kosovo como requisito para una futura adhesión, ni la clase política ni la sociedad parecen dispuestas a dar ese paso. Mitrovica, en Kosovo, ejemplifica esta división: una ciudad partida en dos, con comunidades que viven separadas y con heridas aún abiertas. Recuerda a Berlín durante la Guerra Fría, a Nicosia hoy en día, o a Sarajevo y Mostar, ciudades donde las fronteras invisibles marcan todavía la vida cotidiana de sus habitantes.

7. A nivel geopolítico, Serbia intenta mantenerse equidistante y cercana al mismo tiempo con las grandes potencias actuales. China ha realizado grandes inversiones en los últimos años en el país a nivel de infraestructuras. No es raro encontrarse con carteles o pintadas de PowerChina.

8. Serbia ha sufrido varias guerras recientes, además de los bombardeos de la OTAN en 1999. Si el pueblo serbio se representara con una palabra, sería “resiliencia”. Es corriente que algunas conversaciones sigan  girando en torno a estos temas y que en la televisión se emitan documentales y programas de esta temática. En general, existe una desconfianza y desafección hacia la OTAN y lo que representa.

9. En 2027 se celebrará la Exposición Universal en Belgrado. Como consecuencia de esto, parte de la ciudad está cambiando a un ritmo acelerado, concretamente la que se asienta en las faldas del Danubio y que se ha bautizado como Belgrade Waterfront.

10. En una visita a Serbia nunca debe faltar tomar algo en una kafana (taberna tradicional); cuanto más de barrio, mejor, y si puede ser, interactuar con la gente local. Se dice que las kafanas más auténticas son las que ofrecen únicamente vino, cerveza y rakia. Actualmente, la mayoría de las kafanas ofrecen todo tipo de bebidas y también comidas.

11. El baloncesto es el deporte nacional, aunque los serbios practican todo tipo de deportes (últimamente hasta el pádel). Partizan y Crvena Zvezda (Estrella Roja), ambos equipos de Belgrado, son eternos rivales y el país se divide entre unos y otros.

12. Durante décadas los Splavs, o discotecas flotantes, han sido un reclamo para visitantes en Belgrado. En 2025 el gobierno local decidió moverlos de la ribera del río Sava y alejarlos del centro de la ciudad.

13. Los serbios hacen muchas bromas sobre el metro de Belgrado (que no existe), pero que lleva planificándose eternamente. Por algún motivo, tal vez por este mismo, tal vez por la Expo, tal vez por las obras del nuevo Dubái, como suelen llamar los locales al Belgrade Waterfront, el gobierno local decretó la gratuidad de todos los transportes públicos en Belgrado desde enero de 2025.

14. Aunque suene a tiempo pasado, en Serbia aún se permite fumar en los restaurantes. Algunos locales establecen zonas para no fumadores, aunque no suele haber una barrera física.

15. La principal construcción religiosa no es una catedral, sino un hram (templo). Usa esta palabra para encontrarlos en internet.

16. El pan en Serbia es casi una religión; se consume mucho, a diario y, si puede ser, calentito. Los típicos son el lepinje y el somun, de porción individual. Los encontrarás en cualquier pekara (panadería).

17. Otra palabra que te facilitará saciar tu hambre es roštilj. Literalmente significa “parrilla” y te servirá para encontrar kioscos o pequeños establecimientos donde venden las hamburguesas locales pljeskavica y otras opciones como el ćevapi. También se pueden encontrar surtidos de carne a la brasa, de uno o varios tipos de carne. Normalmente, se venden por kilo.

18. La moneda serbia es el dinar. Su tipo de cambio está estabilizado desde hace años. 1 € tiene el valor aproximado de 117,5 dinares serbios y es muy fácil conseguir cambio en cualquier ciudad.

19La música en Serbia tiene un carácter especial, especialmente lo que se conoce como “rock yugoslavo”. Suele decirse que, de haber cantado en inglés, algunas bandas habrían tenido un gran éxito internacional. Es costumbre que haya música en los restaurantes, cantantes en algunas kafanas y grupos tocando en los locales nocturnos. No te sorprendas si al terminar la noche encuentras a un grupo de serbios cantando y llorando con alguna canción tradicional, muchas veces cargadas de tintes nacionalistas.

20. La rakia es el aguardiente nacional, similar al pálinka húngaro, al eau-de-vie francés, a la grappa italiana o al orujo español. Si bien estos dos últimos únicamente se producen de la uva, los anteriores proceden de la fermentación de otro tipo de frutas, no exclusivamente la uva y, a veces, también de la mezcla de ellas. Los amantes de la rakia te recomendarán algún lugar casero donde comprarla. Un serbio nunca compra rakia en el supermercado.

21. Los embutidos ahumados forman parte de la gastronomía tradicional local. El jamón se consume normalmente de esta forma. Añadirle picante, especialmente a los chorizos, es otra de las costumbres. En las cartas de los restaurantes suelen aparecer surtidos para pedirlos como entrantes.

22. Los otomanos gobernaron Serbia durante casi tres siglos, dejando un amplio legado, también en la gastronomía, donde podemos encontrar el domaća kafa o café casero, que es un café de estilo turco.

23. A la hora de tomar algo con cuchara no te confundas. La chorba es diferente de la zuppa, la primera más espesa y la segunda más aguada. En el norte del país también es costumbre consumir gulash.

24. En Serbia podemos encontrar algunas salsas autóctonas que hay que degustar sin falta. Una de ellas es el ajvar (/aibar/), producido a base de pimiento asado, y la otra es el kaymak, difícil de describir, algo así como una crema de nata.

25. Si hay un desayuno típico en Serbia, este sería el de un burek con queso y un vaso de yogur líquido. El burek es una pasta hojaldrada y aceitosa que se suele rellenar de queso fresco, espinacas, carne o patata. Una alternativa más seca es la pita. En ambos casos se acompaña de yogur líquido, que se va bebiendo junto a la ingesta del burek. Te sorprenderá ver la cantidad de tipos de yogur y marcas que hay en los supermercados. El precio de una porción de burek en 2026 está alrededor de los 200 RSD. Personalmente, me quedo con la pita de queso. Por cierto, también hay versión dulce, de manzana.

26. La repostería no defrauda. No olvides probar los típicos baklavas, que en cada región de los Balcanes tienen su toque particular, o alguna palačinka (el crêpe serbio). En temporada invernal es típico encontrar dulces condimentados con semillas de amapola.

Si hay un alimento que conocen todos los niños por antonomasia es el Plazma. Unas galletas sin azúcar que también se comercializan en formato triturado y se utilizan en repostería, como por ejemplo a la hora de elaborar los marzipan (mazapanes) locales.

27. Hay algunos conceptos que han calado profundamente en la sociedad serbia, forman parte de su ADN y se pueden leer, pero no sentir si no has crecido en una familia serbia. Uno de ellos es el Inat. Es una de esas palabras que hay en cada idioma y que no tienen una traducción literal; vendría a ser algo así como la obstinación por concluir satisfactoriamente un objetivo a pesar de las dificultades que puedan surgir.

28. Existe otra palabra en serbio que se podría traducir algo así como el placer por disfrutar de algo cotidiano de forma tranquila. Esta palabra es Merak. Puede ser tomando un café, en una conversación, sentado y observando el entorno...

Quizás por todo esto Serbia no se entiende en una visita, sino en varias.

29. Los spomeniks son monumentos construidos en la antigua Yugoslavia para conmemorar la resistencia y a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial. Aunque muchos se encuentran en Serbia, no son exclusivos del país. No hay dos iguales: cada uno adopta una forma distinta, siempre con una estética abstracta y futurista cercana al brutalismo, como el célebre Stone Flower de Jasenovac, uno de los más conocidos y simbólicos.

30. Viajando por  Serbia es muy común encontrarse con edificios Brutalistas. El brutalismo es un estilo arquitectónico de formas geométricas potentes y hormigón a la vista. Se popularizó en Serbia entre finales de los 50 y los 70, cuando el país necesitaba reconstruir rápido y barato tras la Segunda Guerra Mundial. Yugoslavia buscaba un estilo alejado del estilo soviético y el burgués capitalista, con el fin de transmitir colectividad, modernidad y fuerza del Estado. Belgrado, especialmente Nuevo Belgrado, es un auténtico laboratorio de bloques monumentales, universidades y centros culturales.